Descendiò Quilmes
Paradojas que tiene el destino. Hace un año, Chicago ganaba en Córdoba y regresaba a Primera. Que al Torito le iba a costar mantenerse en la máxima categoría estaba en los papeles de muchos. ¿Pero alguien hubiera imaginado que Lucio Filomeno sería quien le alargaría la vida en la A? Hace un año, el delantero llamaba a su padre, Antonio, desde los Estados Unidos (jugaba en el DC United) para saber la suerte del club de sus amores. Ayer nomás, el hijo del presidente convirtió el 2-1 definitivo ante Lanús. Fue su quinto gol en cinco fechas. Aunque es el primero que ayuda para sumar de a tres. Así, los de Mataderos salieron de la zona de descenso directo, interrumpieron el invicto de un Granate copero y, de yapa, sentenciaron la vuelta de Quilmes al Nacional. Ahora, a rezar.
Porque Chicago, que al inicio del Clausura se mantenía en el fútbol grande, se dejó estar. Y si bien con este triunfo superó a Godoy Cruz (por un punto) y a Belgrano (por dos), sigue dependiendo de traspiés ajenos. Tal vez fue eso, saberse con la soga al cuello, lo que despertó el amor propio de los futbolistas locales. Ser ofensivos era una obligación. Y el 4-3-1-2 mostraba una intención de juego. Carranza flotaba por todo el frente de ataque, Higuaín —rompió el cero tras bajar la pelota con la mano— se olvidaba del individualismo, y en las bandas, Donda por la izquierda, y el tándem Zarif-Martínez, a espaldas de Velázquez, molestaban. Todos metían y ponían. ¿Y qué hacía la figura Filomeno en el primer tiempo? Trabajaba para sus compañeros: recibía, aguantaba y descargaba.
En cambio, Lanús, aun cuando el arbitraje no lo ayudó (ver aparte), fue un equipo partido en dos. Por un lado, daba ventajas en el mano a mano, con el seleccionado Pelletieri muy cerca de su defensa. Por el otro, un quinteto ofensivo que juega muy lindo pero que pareciera que si no llega tocando hasta abajo del arco, su gol no valiera.
Así y todo, al minuto de la segunda mitad, encontró el 1-1 en un centro cruzado de Aguirre, que cabeceó Lagos. Y, a partir de ahí, obligó a que el Mono se revolcara. Valeri, Aguirre, Leto, todos exigieron desde el borde del área. Pero en el local también creció la recuperación de Damonte. Y en una contra, con la defensa visitante mal parada, Filomeno selló el destino de la noche. Una paradoja.
Fuente:Olè


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